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Una pastilla experimental logra la remisión completa del cáncer en 18 pacientes con una leucemia muy agresiva

Los resultados preliminares del fármaco revumenib sugieren que ha salvado la vida de enfermos desahuciados, como la joven arquitecta Algimante Daugelaite

La arquitecta Algimante Daugelaite ha visto la remisión completa de su leucemia agresiva gracias al fármaco revumenib, en una imagen cedida.

Una píldora experimental ha conseguido la remisión completa del cáncer en 18 pacientes que estaban prácticamente condenados a muerte por un tumor muy agresivo que no respondía a otros tratamientos. La enfermedad, la leucemia mieloide aguda, es el cáncer de la sangre más frecuente en adultos, con unos 120.000 casos anuales, y la supervivencia a los tres años apenas llega al 25%. La pastilla, denominada revumenib, ha logrado la desaparición total de indicios cancerosos en casi uno de cada tres participantes en un esperado ensayo clínico en Estados Unidos. Los resultados son preliminares y no implican la curación definitiva, pero los responsables del experimento son optimistas. “Creemos que este fármaco es extraordinariamente eficaz y esperamos que esté al alcance de todos los pacientes que lo necesiten”, afirma el médico Ghayas Issa, del Centro Oncológico MD Anderson de la Universidad de Texas.

La leucemia mieloide aguda golpea en la fábrica de las células de la sangre —el tuétano de los huesos— y provoca la producción desbocada de células defectuosas. Es lo que le ocurrió a la arquitecta lituana Algimante Daugelaite, de 23 años. Tras dos trasplantes de médula ósea de su hermana y el fracaso de todos los tratamientos, sus médicos pensaban ya en los cuidados paliativos para simplemente aliviar su sufrimiento. “Estaba desesperada, era como vivir una película horrible. Sentía que la muerte era inminente y solo tenía 21 años”, recuerda. Hace exactamente dos años comenzó a tomar pastillas de revumenib, pudo acabar la carrera y hoy trabaja con normalidad en un estudio de arquitectura en Copenhague.

El fármaco no funciona en todos los casos. Los investigadores se han centrado en dos subtipos genéticos en los que una proteína denominada menina facilita la progresión de la leucemia. El revumenib se une a esta proteína y la inhibe, gracias a su enrevesada receta química: 32 átomos de carbono, 47 de hidrógeno, uno de flúor, seis de nitrógeno, cuatro de oxígeno y uno de azufre. Esta fórmula, C32H47FN6O4S, ha salvado de momento la vida de 18 personas. Los prometedores resultados se publican este miércoles en la revista Nature, referente de la mejor ciencia mundial.

Sentía que la muerte era inminente y solo tenía 21 años”

Algimante Daugelaite, arquitecta

El hematólogo Pau Montesinos, coordinador del Grupo Español de Leucemia Mieloide Aguda, cree que los nuevos datos son “bastante esperanzadores”, pero subraya sus cautelas, a la espera de que el revumenib se pruebe en cientos de personas y se confirme su seguridad y eficacia. El propio equipo de Montesinos, la Unidad de Leucemia del Hospital La Fe de Valencia, participará en los próximos ensayos internacionales de la pastilla, desarrollada por la farmacéutica estadounidense Syndax Pharmaceuticals.

Montesinos recalca que el fármaco en solitario no es la panacea. “En la inmensa mayoría de los casos, estas terapias dirigidas, por sí solas, pueden revertir la leucemia, pero difícilmente curarla”, afirma el hematólogo. “La estrategia será combinar estos nuevos fármacos con quimioterápicos clásicos o con otras aproximaciones”, opina. Montesinos recuerda el caso de otra pastilla, el quizartinib, un tratamiento experimental de la farmacéutica japonesa Daiichi Sankyo que inhibe otra proteína implicada en la leucemia mieloide aguda. Añadir quizartinib a la quimioterapia aumenta los casos de curación desde casi un 40% a casi un 50%, según los resultados preliminares de un ensayo con medio millar de pacientes con otro subtipo genético. “Para nosotros, subir 10 puntos porcentuales la supervivencia ya es mucho”, celebra el médico español.

El mecanismo de acción del revumenib —la inhibición de la proteína menina— es novedoso. Media docena de empresas farmacéuticas están desarrollando fármacos con esta misma táctica, así que el éxito del revumenib sería una buena noticia para el resto de los inhibidores de la menina. El oncólogo Ghayas Issa calcula que estas nuevas pastillas pueden beneficiar a casi 400.000 personas con leucemias agudas resistentes a otros tratamientos, tanto la mieloide como la más frecuente en niños, llamada linfocítica.

Estas terapias dirigidas, por sí solas, pueden revertir la leucemia, pero difícilmente curarla”

Pau Montesinos, hematólogo

Issa y sus colegas reconocen que el factor económico será clave si finalmente se aprueba la pastilla. El precio de los últimos fármacos orales contra el cáncer suele superar los 200.000 euros por paciente al año en Estados Unidos, según un informe de la congresista demócrata Katie Porter.

El revumenib tiene un punto débil más, como admite otro de los científicos que ha dirigido los ensayos, el hematólogo Eytan Stein, del Centro Oncológico Memorial Sloan Kettering, en Nueva York. “El principal talón de Aquiles parece ser el desarrollo de mutaciones en el sitio de unión de este fármaco, lo que genera resistencias”, expone el investigador. El revumenib tuvo algún tipo de efecto beneficioso en la mitad de los 60 participantes en el ensayo clínico, pero en algunos de los pacientes la proteína menina cambió ligeramente y surgieron resistencias al tratamiento, igual que ocurre con las bacterias que mutan y toleran los antibióticos.

“Esto demuestra que estamos en el buen camino y que la diana a la que se dirige este fármaco [la proteína menina] es crítica para el desarrollo de la leucemia en estos subtipos genéticos”, opina Stein. Para evitar estas mutaciones de resistencia observadas en algunos pacientes, los autores plantean combinar fármacos con mecanismos de acción diferentes. A juicio de Ghayas Issa y su colega Eytan Stein, los inhibidores de la menina “serán definitivamente una parte del tratamiento para estas leucemias”. La arquitecta Algimante Daugelaite celebra haber participado en el ensayo y que la ciencia le haya dado “otra oportunidad para estudiar, trabajar, viajar, ver el mundo y, lo más importante, vivir”.

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